sábado, 2 de septiembre de 2006

LA CANCION DE LOS OSOS de Ruben Dario


Tenía yo aparcado este tema de La Canción de los Osos pero me ha estimulado ese estupendo Jubilado que anda por ahi perdiendose salmueras por despiste, tal vez por que está ocupado haciendo estupendos articulos, por ejemplo, sobre los osos

Como es difícil de encontrar, reproduzco este canto que publicó, hacia 1914, Ruben Dario. Lo llamó "La Canción de los Osos" y está incluido dentro del libro Canto a la Argentina y otros poemas.

Osos,

Osos misteriosos,

Yo os diré la canción

De vuestra misteriosa evocación.

OSOS NEGROS Y VELLUDOS DEL RIÑÓN DE LAS MONTAÑAS

Silenciosos viejos monjes de una iglesia inmemorial, Vuestros ritos solitarios, vuestras prácticas extrañas,

Las humanas alimañas Neronizan y ensangrientan la selvosa catedral.

 

Osos tristes y danzantes que los zíngaros de cobre

Martirizan; oso esclavo, oso fúnebre, oso pobre,

Arrancado a las entrañas de los montes del Tirol;

Sé leer en vuestros ojos y podemos hablar sobre

Atta Troll ...

 

Osos blancos de los polos, bellos oso diamantinos,

Nadie sabe que venís,

Sobre el hielo, de un imperio de hombres blancos y divinos

Que coronan con castillos argentinos

Su país.

Osos,

Osos misteriosos,

Yo os diré la canción

De vuestra misteriosa evocación.

¡Arcas! ¡Váctima sangrienta! Plantas, flores, ecos, líras;

-Malhadado y cruento crimen del infausto Lycaón;

 

En Arcadía los amores y los cánticos que inspiras,

Y en el cielo, con Calixto, la inmortal constelación.-

Los dos osos son asombro para el Toro y el León.

 

¡Va Criniso! Muchas ansias lleva el mozo y vida mucha;

Si cual toro lucha fiero, como oso mejor lucha

Quien de Egesta será esposo;

Cruje el monstruo entre sus brazos en la lucha que se escucha:

¡Lucha oso! ¡Lucha oso! ¡Lucha oso! ¡Lucha oso!

 

Bellos osos de oro rojo que ya estáis en el regazo

Del azul donde zodiaco sublimiza su visión;

De la lira hacedme oir el son;

Dad saludos a la Virgen en mi nombre, y un zarpazo,

Si podeis, al Escorpión.

Osos,

Osos misteriosos,

Yo os diré la canción

De vuestra misteriosa evocación.

Danzad suave y cuerdamente;

Que la peluda alpargata

Cubra la prudente pata

Cuyo paso no se siente.

Y bajo la huyente frente

Mirad con ojo mañero

Al gitano,

Que canta con voz de Oriente

Un raro canto lejano

Y hace sonar el pandero

Con la mano

Con que recomienda el caldero.

A los sueldos de los pobres

Encomienda alrededor vuestra persona,

Y en el parche del pandero caen los cobres

Por los osos, por el perro y por la mona.

Osos,

Osos misteriosos,

Yo os diré la canción

De vuestra misteriosa evocación.

A vuestro lado va la gitanilla.

Brilla

Su mirada de negros diamantes,

Y su boca roja es fresca;

Gitanilla pintoresca,

Gitanilla de Cervantes,

O Esmeralda huguesca.

Ya vosotros bien sabéis de quién os hablo,

Pues cien veces junto a ella contesplasteis cola y cuernos

Del señor don Diablo.

Protector de las lujurias en la tierra y los infiernos.

Osos,

Osos misteriosos,

Yo os diré la canción

De vuestra misteriosa evocación.

Danzad, osos, oh cofrades, oh poetas;

Id, chafad en las campiñas los tomillos y violetas,

Y tornad entre las flores del sendero,

Y danzad en el suburbio para el niño y el obrero,

Para el hosco vagabundo de las escabrosas rutas,

Para el pálido bandido que regó sangre y espanto,

Y para las prostitutas

Que mastican pan de crimen y llanto

Para vuestra filosofía

No señala diferencia ni de halago ni reproche

A la Mística azucena que adornó el pecho del día,

O a la lúgrube mandrágora de la entraña de la noche.

Osos,

Osos misteriosos,

Yo os diré la canción

De vuestra misteriosa evocación.

Osos ermitaños

Que ponéis pavores

En pastores

y rebaños;

El agudo cazador advierte

Que os ponéis en cruz ante la muerte,

O para dar el formidable abrazo

Que ha de exprimir la vida

Contra vuestro regazo;

Vais en dos patas como el adanida,

En así que he admirado

Vuestro andar de canónigo, o bien de magistrado.

Con la argolla al hocico sacudis vuestra panza.

¡Osos sabios, osos fuertes y cautivos, a la danza!

Osos,

Osos misteriosos,

Yo os diré la canción

De vuestra misteriosa evocación.

 

Y al pasar un entierro

Os he visto en la senda con la mona y el perro,

Entre el círculo formado por hombres zarrapastrosos.

Grotescos enterradores

Iban conduciendo el caroo de podredumbre y de flores;

Como signo de respeto

Descubríanse un mendigo y un soldado.

El gitano se acordó de su amuleto.

Y tú, oso danzarín domesticado,

Se diría que reías como estando en el secreto

Del Finado

De la losa, de la cruz y el esqueleto

Osos,

Osos misteriosos,

Yo os diré la canción

De vuestra misteriosa evocación.

 

Mas no el requiem, ni el oremus, ni el responso del gangoso

Chantre llegue a vuestro oído,

Sabio y suave oso;

Mas el canto de las zíngaras, o la música del nido,

O la estrofa del poeta,

O el ruido de los besos, o el ruido

Del amor errante ardiente en la carreta.

Bien sabéis: la vida es corta,

Y teniendo en vuestras fauces una torta,

O un panal,

Profesáis vuestros principios más allá del Bien y el Mal.

Osos,

Osos misteriosos,

Yo os diré la canción

De vuestra misteriosa evocación.

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